Memoria Histórica

JOSÉ RODRÍGUEZ (EL FLACO), 9 AÑOS DE SU PARTIDA: UNA VIDA DEDICADA A LA REVOLUCIÓN Y LA SOLIDARIDAD

Mayo: Mes de El Moreno y de los trabajadores y trabajadoras del Mundo.

José Rodríguez Ortega (El Flaco) nació en la comunidad de Palmarito, próximo al Santo Cerro, La Vega.

Hijo del señor José Rodríguez y de la señora Eufemia Ortega. Era el cuarto de cinco hermanos, tres varones y dos hembras. Los demás eran César, Marisol, Miledy y Sócrates.

Con sus padres se trasladó a la ciudad de Santiago de Los Caballeros. Desde muy joven se integró a la lucha revolucionaria en el Movimiento Popular Dominicano-M.P.D.-

En nuestra organización se encontró con recios militantes como Aníbal – Papo – Álvarez, que contribuyeron mucho como fraguas para templar cada vez más el espíritu y las decisiones de El Flaco.

Además, se encontró con otra militante revolucionaria descendiente de valientes patriotas: Rosario Álvarez, su amada «Charito» de siempre, con quien contrajo matrimonio al comienzo de la década de 1970.

El Flaco había iniciado sus estudios en la Sede Central de la UASD, a finales de la década del 1960. Concluyó el Colegio Universitario y uno o dos semestres de Derecho. Pero el deber como cuadro revolucionario lo llamó, por lo que abandonó los estudios y se dedicó por entero a la militancia rojinegra de grandes peligros en plena dictadura neo-trujillista del genocida Joaquín Balaguer.

Con su compañera «Charito» no sólo constituyó una pareja de amor, sino también una «pareja roja», en la cual depositaron toda su confianza los altos dirigentes emepedeístas en Santiago, Lorenzo Vargas (El Sombrerero), Onelio Espaillat y Jorge Puello (El Men), de quienes eran hijos afectivos.

Además, compartieron militancia, así como diversas tareas revolucionarias con camaradas emblemáticos como Henry Segarra Santos (desaparecido y asesinado el 25 de julio de 1969, en Dajabón).

El Flaco, que durante buen tiempo usó el seudónimo de Santiago, era de la confianza de otros dirigentes máximos del partido, como Maximiliano Gómez (El Moreno) y Otto Morales (El Gorila), a quien él siempre se refería como «Ismael».

El Flaco y su amada Charito tuvieron dos hijos: César Augusto y Flavio Enrique. El primero fue nombrado en honor a César Augusto-Flavio- Suero (asesinado por la dictadura balaguerista el 20 de febrero de 1969).

El segundo hijo fue nombrado así como homenaje a Flavio y a Henry Segarra Santos, con quien el camarada José debía irse a Dajabón, desde Santiago, el día que lo apresaron. Pero tuvo que atender otra tarea del partido, y por eso se le escapó a la muerte.

El Flaco disfrutó de tres nietos. Luego de su muerte le han nacido tres más. Su primer nieto, hijo de César, fue nombrado Javier Adolfo. Quizás Adolfo hacía mención a uno de los seudómos más usados por el camarada en los últimos años.

Desde antes de nacer su segundo nieto, hijo de Flavio Enrique, exigió su «derecho» a ponerle el nombre. Y le puso Amín Enrique. Amín hace honor al camarada Amín Abel Hasbún (asesinado el 24 de septiembre de 1970). Y el segundo nombre, Enrique, en honor a Henry Segarra. Al parecer, no pudo «negociar» con su nuera el nombre de su tercer nieto. Y ella lo nombró José, en honor al propio camarada José Rodríguez.

Hablar del Flaco José Rodríguez, Santiago o Adolfo es hablar de un cuadro revolucionario con una conducta de absoluta consecuencia; que nunca rehuyó ningún compromiso; ninguna tarea, no importaba lo riesgosa que fuera. No importaba el lugar ni la hora.

Hablar de «ese Flaco» es hablar de un militante comunista con una práctica y una convicción de absoluta consecuencia, forjadas al calor de camaradas como Baldemiro Castro y Henry Segarra, que llegaron a vender su sangre para que saliera el periódico Libertad del M.P.D.

Hablar de Santiago o Adolfo es hablar de sacrificio, abnegación, elevadisima moral social y política, abnegación y desprendimiento extremo. Un digno hijo de una pléyade de revolucionarios absolutamente consecuentes, que dedicaron su vida a la lucha por las mejores causas del pueblo dominicano y de los pueblos del Mundo.

El Flaco nunca pidió condiciones especiales para realizar su trabajo. Nunca usó subterfugios para evadir responsabilidades. Siempre dijo sí.

Para hablar de verdadera solidaridad militante hay que hablar de El Flaco José Rodríguez, Santiago o Adolfo. No tenía nada de èl. Todo era del partido, de los camaradas, de sus amigos, de sus vecinos, de quien lo necesitara. Su comida no era suya. Sus zapatos no eran suyos. Su camisa no era suya. Su pantalón no era suyo.

Es muy difícil hacer una síntesis apretada sobre la vida y la obra del camarada Adolfo. Sumamente preocupado por los demás. Y por ello, en reciprocidad, recibía tanto afecto, tanto apoyo. A través de él, mucha gente del pueblo ponía diferentes recursos a dispisición del partido.

Era un militante indisolublemente ligado a sus compañeros de labores, como con quienes trabajó durante muchos años en una empresa que producía materiales de construcción.

De esa conducta del camarada José Rodríguez también pueden dar testimonio sus vecinos en Santiago o en Los Cerros de Buena Vista o de Ciudad Real en Santo Domingo, o en la ciudad de Nueva York, donde además se integró al trabajo social de la iglesia alternativa «San Romero de Las Américas», liderada por el Padre Luis Barrio.

De las condiciones sobresalientes de este excepcional militante no sólo podemos testimoniar quienes convivimos décadas con él, sino muchísimas personas, incluyendo varios hijos afectivos de él y doña Rosario. Antes de que nacieran sus dos hijos ya tenían un hijo afectivo: Marco Polo. Luego vinieron otros, hembras y varones.

El camarada Adolfo se fue a residir a Nueva York, con su familia. Luego regresaron de retirada. Pero viajaban de vez en cuando, sobre todo por asuntos de salud.

En el 2011, se encontraba con su compañera en esa ciudad estadounidense. Cuando ya estaban preparados para regresar, el día 19 de mayo, en la noche, lo sorprendió un terrible derrame cerebral. Coágulos de sangre se añojaron en su cerebro y no pudieron ser diluidos, pese a la lucha de los médicos. A las 5:00 de la mañana del día 21 fue declarado muerto, en un hospital de aquella ciudad.

La inesperada muerte del camarada Adolfo significó un duro golpe para el M.P.D., de cuyo Comité Central era miembro destacado.

Los emepedeistas, que hemos visto correr tanta sangre de nuestros camaradas, que hemos sufrido tantas desapariciones y asesinatos, hemos dicho que «los revolucilnarios no se lloran, sino que se imitan». Sin embargo, la muerte del camarada Adolfo hizo rodar muchas lagrimas por las mejillas de hasta quienes se consideraban «con las lágrimas hondas».

José Rodríguez, El Flaco, Santiago o Adolfo no pudo sobrevivir al fatal accidente. Pero su caída física jamás significa la muerte de su glorioso ejemplo. Sus hechos quedan como herencia para la militancia rojinegra, para sus familiares, para sus vecinos y para todos los sectores humildes y revolucionarios, para todos quienes luchan y necesitan de la redención política, económica y social.

A NUEVE AÑOS DE SU MUERTE FÍSICA, EL FLACO SIGUE Y SEGUIRÁ VIVIENDO EN EL CORAZON DE LA PATRIA Y DE MUCHA GENTE.

EL FLACO NO PUEDE MORIR JAMAS. HA PASADO A LA ETERNIDAD.

SU EJEMPLO ES UNA ENSEÑANZA PARA LAS NUEVAS GENERACIONES.

El partido de Pablo Martínez, Maximiliano Gómez (El Moreno) y Jorge Puello (El Men) presente.

Comité Político del Comité Central.

Santo Domingo, R.D., 21 de mayo del 2020.

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