Memoria Histórica

PRESENTES SIEMPRE: Mártires emepedeístas caídos en julio

La constancia y la firmeza en la lucha, la conducta de absoluta consecuencia y la decisión de vencer o morir son divisas a las cuales nunca ha renunciado ni renunciará jamás el M.P.D. Por ello ha aportado cientos de mártires a la lucha del pueblo dominicano. Desde los más altos dirigentes hasta los militantes y simpatizantes de nuestra organización marxista-le­ninista han derramado su sangre en aras de construir una nueva sociedad en República Dominicana y en otras partes del Mundo.

No hay un solo mes en el año en que no hayan caído varios combatientes emepedeístas. Bastaría decir que en menos de un año, del 16 de julio del 1970 al 7 de julio del 1971, fueron asesinados tres secre­tarios generales, golpes contundentes para cualquier organización revolucionaria. Sin embargo, nos hemos sobrepuesto y continuado la lucha cada día con más firmeza, En la fragua se tiempla el acero y se derriten las chatarras.

En el mes de julio, en diferentes años, han caído varios camaradas, a los cuales rendimos homenaje y recordaremos siempre, redoblando nuestro espíritu de lucha y manteniendo la firmeza y la ideología del proletariado. Ellos, todos caídos muy jóvenes, son fuentes de inspiración para la militancia de hoy, que sigue en el deber de empuñar con el máximo arrojo la bandera rojinegra y levantarla cada vez más alta, desplegándola a los cuatro vientos, mientras grupitos de arrepentidos, renegados y oportunistas apuestan a la convivencia con los enemigos del pueblo y los asesinos de nuestros camaradas y otros mártires del pueblo dominicano.

La firmeza con que estos lanceros de la libertad af­rontaron la muerte es un estandarte de estímulo. Estos mártires viven eternamente en el corazón de su par­tido y del pueblo. Con su noble ejemplo se fortalece cada día más el espíritu rojinegro de combate por una verdadera transformación social.

El Movimiento Popular Dominicano tiene el deber ineludible y de absoluta consecuencia de recordar y reverenciar los mártires revolucionarios. Mantenemos sin tregua la lucha contra todos los enemigos del pueblo. Les rendimos pleitesía a nuestros camaradas y a todos los mártires revolucionarios como William Mieses, que también fue asesinado en julio de 1973. Al recordar a estos combatientes, con la frente y la moral en alto, atizamos la llama de la libertad junto a los trabajadores, estudiantes, intelectuales y a todos los sectores populares y explotados.

Aquí presentamos una síntesis biográfica de cinco camaradas.

OTTO MANUEL MORALES EFRES (EL GO­RILA). Nació en la ciudad de Santiago de Los Ca­balleros, en febrero de 1945. Uno de los más recios, fogosos, arrojados y respetados dirigentes que ha tenido nuestro partido. Asumió la Secretaría General en 1970, cuando El Moreno fue apresado, y más tarde asesinado. Uno de los más respetados y admirados jefes militares que ha tenido el partido. Comandante que no sólo mandaba, sino que iba alante. Uno de los más destacados, carismáticos y emblemáticos diri­gentes, por sus sobresalientes cualidades en cualquier terreno de la lucha.

Ajusticiado el tirano Trujillo, y siendo práctica­mente un adolescente, el camarada Otto se creció y se destacó en la lucha contra los remanentes de la cruel dictadura. En esas circunstancias tuvo que salir hacia México en 1962, con a penas 17 años de edad. Allí co­menzó estudios en la Universidad Obrera. Pero al jun­tarse con el veterano dirigente socialista dominicano Pericles Franco, quien estaba de tránsito hacia Cuba, se fue con él. En Cuba se integró inmediatamente a la gloriosa revolución. Cortó caña y participó en otras tareas, llegando a obtener reconocimiento y méritos al trabajo en beneficio de la revolución.

En la isla hermana se encontró con un grupo de emepedeístas que recibían formación política y entre­namiento militar. Fue entonces cuando se enroló en nuestro partido, iniciando una meteórica carrera ro­jinegra. En Cuba estudió y se entrenó militarmente. Regresó a República Dominicana, y al estallar la guerra de Abril de 1965, apenas tenía 20 años, pero se destacó inmediatamente de primera fila en los más grandes y peligrosos episodios de esa contienda frente a los militares reaccionarios y a los invasores yanquis.

Su espíritu de lucha, su arrojo y su destreza militar se crecieron en la lucha contra la dictadura neotrujil­lista del genocida Joaquín Balaguer. Otto era suma­mente arrojado. Combatía con bravura hasta la te­meridad. Fue orientador de los Comandos Revolucio­narios Clandestinos (CRC). Organizó y supervisó de cerca el secuestro del agregado militar y encargado de la estación de la CIA para el Caribe. coronel Donald Joseph Crowley, para exigir la liberación de un grupo de presos políticos, incluyendo a nuestro Secretario General Maximiliano Gómez.

El secuestro, que fue exitoso, desató una enorme cacería de emepedeístas y de otros revolucionarios. El camarada Otto fue ubicado. Se entregó sin resistencia en aras de preservar a la familia de la casa en la cual se encontraba. Inmediatamente fue introducido en un vehículo policial, dentro del cual fue ejecutado en plena calle, y bajo las órdenes de un yanqui agente de la CIA, que estaba junto a la policía dirigiendo el op­erativo, y dijo que había que matarlo inmediatamente.

Así cayó el bravo combatiente que en varias oca­siones había roto grandes cercos militares “a tiros limpios”. Asesinado cobardemente a los 25 años de edad. A 49 años de su vil asesinato, El Gorila se agi­ganta en el seno del partido rojinegro, combatiente de varias dictaduras en Cuba, donde se fundó, y en República Dominicana; que ha dedicado su más de 63 años a la lucha por la transformación del injusto sistema de opresión.

ROBERTO ANTONIO FIGUEROA TAYLOR (CHAPÓ). Descendiente de inmigrantes denomina­dos “cocolos”, era un genuino hijo de la clase obrera. Nació en San Pedro de Macorís en 1938. Desde muy temprano comenzó a vender su fuerza de trabajo en centrales azucareros, para aportar al sustento famil­iar. Se destacó como dirigente obrero. Llegó a ser Secretario de Prensa y Propaganda de la entonces poderosa central sindical FOUPSA-Cesitrado. Más tarde fue Secretario General de la Unión Nacional de Choferes Sindicalizados Independientes (UNACHO­SÍN) en su localidad natal.

Cuerpo de Roberto Figueroa (Chapó) tras ser asesinado de forma cobarde por la Policía de Balaguer.

El inolvidable camarada tuvo una destacada par­ticipación en la guerra de Abril de 1965. Se recuerda que al estallar la contienda militar, él manejaba un camión y lo llenó de “cocolos” en San Pedro de Ma­corís y se dirigieron a la zona de combate, en la Capi­tal. Tras el asesinato de Otto Morales, Chapó asumió la Secretaría General del perseguido, pero combativo e indestructible M.P.D. El día 7 de julio de 1971 fue ubicado. Delatado por un traidor que había militado en el Partido Comunista Dominicano, llamado “Luis Tutulla”, fue asesinado en pleno centro histórico de la ciudad de Santo Domingo, a los 33 años de edad. Uno de los participantes en el oprobioso crimen fue un sargento matarife apodado Tito, quien un tiempo después pagó con su vida el asesinato de nuestro ca­marada. A 48 años de su horrendo crimen, el admira­do, carismático y respetado dirigente rojinegro sigue siendo ejemplo y bandera de combate de los revolu­cionarios dominicanos y del Mundo. Gloria eterna a su memoria.

HENRY SEGARRA SANTOS (EL CHIQUITO, SANTIAGO). Nació en la entonces sección rural de Quinigua, en el municipio de Santiago de Los Ca­balleros, el día 4 de julio del 1944. Por su estatura baja, el camarada Otto lo bautizó como “El Chiquito), pero en todas las vertientes de la lucha revolucionaria era un enorme gigante, probado en numerosas batal­las políticas y militares, organizativas de formación, etcétera. También se hizo llamar Santiago en homenaje al asesinado camarada Santiago Carrasco Féliz, diri­gente del Comité Revolucionario Militar Constitucio­nalista (COREMICÓN).

Henry Segarra se integró al M.P.D. antes de cumplir los 16 años de edad Un grupo de fundadores del par­tido acababa de llegar a República Dominicana. El jovencito fue atraído por la bravura y la historia del combatiente de la revolución cubana Andrés Marceli­no Ramos Peguero (Dominico, para los comandantes cubanos). Admiraba la capacidad política y la expe­riencia del fundador, y entonces Sec­retario Gener­al del M.P.D., Máximo López Molina Los altavoces del partido desplegaban para los bar­rios obreros y pobres de la zona donde estaba insta­lado en la hoy Avenida Du­arte, lecturas de las obras sobre la moral y el papel de la juventud comprometida, escritas por el argentino José Ingenie­ros.

Ese jovencito combatió con bravura de leyenda frente al grupo paramilitar trujillista denominado “Paleros de Balá”, dirigido por un detritus social lla­mado José Jiménez, que en 1969 al fin fue ubicado y pagó con su asquerosa vida tantas tropelías y asesina­tos cometidos en la Era de su “jefe”.

Henry fue un destacado dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), organización orientada por toda la izquierda existente entonces. Se recuerda que al estallar la Guerra de Abril de 1965, este muchacho de 20 años de edad bajó a la zona de combate desde la parte Norte de la Capital coman­dando cientos de manifestantes que se integraron a los combates. Al salir de la guerra, fue enviado a traba­jar en la zona rural, alternándose en diferentes regio­nes. Se convirtió en un recio cuadro rural. Sus viejos compañeros lo recuerdan lleno de emoción ante cada triunfo del trabajo en la organización de los campesi­nos.  Rebosaba de entusiasmo y de compromiso ante el éxito de un gran encuentro de dirigentes campesinos convocado con la orientación del M.P.D., realizado en una finca de Santiago, en junio de 1969, y a la cual asistieron decenas de representantes de las regiones Norte, Noroeste y Noreste del país.

Henry Segarra Santos

Henry se encontraba realizando su trabajo en la zona fronteriza con Haití, en las localidades de El Pino, Carbonera, El Copey, Cañongo, Santiago de La Cruz y otros lugares de la provincia Dajabón. Fue de­latado por un espía llamado Rafaelito Belliard. Fue apresado el día 25 de julio de 1969, por la policía y un viejo exmilitar trujillista apodado Chicho Ventura. Llevado a la Fortaleza Beler, donde el comandante de la misma, coronel Demetrio Almonte Máyer lo in­trodujo en una celda solitaria, lo torturó, lo asesinó y desapareció su cadáver. Su compañera Gladys Gutiér­rez encontró en una celda un letrero escrito por Henry que decía: “Gladyrs, muero sin ser libe; sabes por qué muero. Donde hay lucha, hay sacrificio, y la muerte es cosa corriente”.

Nunca se supo dónde tiraron su cadáver. El perver­so genocida presidente Joaquín Balaguer dijo enton­ces de manera sumamente cínica que: “Ese joven cruzó la frontera y se encuentra en Haití”. A 50 años de su “desaparición”, El Chiquito crece, se agiganta y crece entre los revolucionarios y del pueblo dominicano.

FREDDY ANTONIO SOSA MARTÍNEZ. Desde su adolescencia comenzó sus actividades en el mov­imiento estudiantil. Llegó a ser dirigente medio del Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFFLAS), orga­nización entonces orientada por el M.P.D. Una tenaz persecución policial lo obligó a abandonar los estudios. Se integró a los trabajos del partido en los barrios de la parte Sur de la Capital. El 7 de julio de 1972, ex­actamente un año despúes del asesinato del camarada Chapó, fue ubicado en el sector San Carlos y acri­billado a balazos en el interior de una casa, frente a todos quienes se encontraban allí. Sus asesinos fueron los integrantes de la llamada “patrulla de la muerte”, integrada por los esbirros Juan María Arias Sánchez, Milton de La Cruz Lemus y José Pérez Pereyra. Esa fue la misma patrulla que mató al periodista Grego­rio García Castro (Goyito) y al dirigente comunista Homero Hernández Vargas. Han transcurrido 47 años de ese vulgar crimen. El camarada Freddy sigue vivi­endo en el corazón del movimiento revolucionario dominicano, que no olvida a sus héroes, heroínas y mártires.

JUAN BAUTISTA POLANCO (MEMELO). Como muchos otros y otras camaradas, siendo ado­lescente se integró a la lucha revolucionaria en las filas rojinegras del M.P.D. Siempre llevó el triste el recuerdo de su padre, que fue asesinado por los inter­ventores yanquis en 1965. Memelo fue un destacado militante en la zona Norte de la Capital. En su trabajo revolucionario fue ubicado y acribillado a balazos. No murió en el acto. Fue ingresado al hospital Moscoso Puello, donde era asediado permanentemente por la policía y La Banda Colorá, un grupo de degenerados dirigidos por la lacra llamada Ramón Pérez Martínez (Macorís), al servicio del jefe policial Enrique Pérez y Pérez y del gobierno perverso y genocida de Joaquín Balaguer.

Todo el personal del hospital asumió una actitud muy valiente, impidiendo que se robaran el paciente. pero el mismo no pudo sobrevivir. Murió el día 13 de julio de 1971.

Quienes cerramos filas bajo la bandera rojinegra seguimos compelidos y comprometidos a seguir la lucha con la firmeza de siempre, renovando cada día nuestra firmeza. Estamos convencidos de que la san­gre derramada tantos mártires no ha sido en vano. Por eso los recordamos siempre, levantamos su bandera y nos comprometemos a vivir como ellos.

¡Emepedeístas y Rojinegros Siempre!

¡SÓLO LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA ES CAMBIO!

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